La jornada grande de las fiestas reunió a miles de aficionados, las cámaras de La 8 Mediterráneo y un cartel de prestigio con toros de Luis Algarra, Juan Pedro Domecq, Cuadri y Soto de la Fuente
El primer sábado de las fiestas de Sant Roc volvió a confirmar por qué El Puig de Santa Maria es una de las grandes referencias del calendario de los festejos taurinos populares de la Comunitat Valenciana. El ambiente que se respiró durante toda la jornada fue el de las grandes ocasiones, con miles de aficionados llegados desde numerosos municipios valencianos e incluso de otras provincias para disfrutar del día más importante de las celebraciones taurinas de la localidad.
La expectación era máxima. Las cámaras de La 8 Mediterráneo, que retransmitieron el festejo en directo, junto a numerosos canales especializados y creadores de contenido en redes sociales, dieron buena muestra de la repercusión de una tarde que arrancó con absoluta puntualidad a las 18:00 horas.
Acercarse a El Puig de Santa Maria en el día de Sant Roc es hacerlo para vivir una mezcla de cultura, tradición y afición. Calles repletas, plazas abarrotadas y un público entendido esperaban la salida de cuatro astados de hierros de enorme prestigio: «Sirlachón», nº20, de Luis Algarra Polera; «Marqués», nº30, de Juan Pedro Domecq; «Engañado», nº37, de Hijos de Don Celestino Cuadri Vides; y «Chaparrero», nº64, de Soto de la Fuente.
La tarde dejó un denominador común: animales de gran presencia, serios por delante y con una embestida marcada más por el genio y la casta reservona que por la bravura franca.
El primero en aparecer fue «Sirlachón», un castaño alto, bien armado y de notable presencia del hierro de Luis Algarra Polera. Su comportamiento fue muy medido, con arrancadas contadas y mucha incertidumbre en cada una de ellas. Esa condición reservona provocó algún momento de tensión entre los aficionados, antes de terminar buscando refugio tras los cajones, donde encontró querencia.
El segundo de la tarde fue el onubense «Marqués», de Juan Pedro Domecq, que protagonizó una salida rápida y muy atenta. Pronto entendió el terreno y las circunstancias del festejo, dejando ver una presentación extraordinaria, propia de cualquier plaza de primera categoría. Sin embargo, la imponente lámina del toro no encontró continuidad en un comportamiento al que le faltó la raza necesaria para romper definitivamente hacia adelante.
La tercera cita de la tarde llevaba el sello inconfundible de Cuadri. «Engañado» salió con esa característica forma de agarrarse al piso tan habitual en los toros de este legendario hierro. Pese a ello, respondió con nobleza a los quiebros y a las enfiladas, dejando momentos de interés para los aficionados que buscaban medirse con uno de los animales que más expectación había despertado en el cartel.
Cerró el festejo vespertino «Chaparrero», de Soto de la Fuente, otro ejemplar de gran belleza y excelente trapío para la calle. Su salida fue poderosa y recorrió con rapidez distintas zonas del recinto, mostrando un comportamiento abanto en los primeros compases. Los aficionados consiguieron robarle algunos quiebros de mucho mérito, aunque al conjunto de su actuación le faltó la transmisión suficiente para terminar de conectar con el público.
Emboladas con emoción hasta la madrugada
La noche mantuvo el extraordinario ambiente vivido durante toda la jornada, aunque el rendimiento de los toros fue desigual.
El Juan Pedro Domecq apenas ofreció opciones, completamente vacío de contenido durante su exhibición nocturna. Tampoco el Cuadri, visiblemente mermado de facultades, pudo desarrollar una embolada de interés.
Muy distinta fue la situación con el Soto de la Fuente. Su presencia impuso un enorme respeto en la plaza de Sant Roc y fueron muy pocos los que decidieron plantarle cara. Entre ellos destacaron Moreta e Isra, que dejaron varias intervenciones de gran mérito ante un animal que exigía mucho. La nota negativa llegó cuando el toro alcanzó a un aficionado local junto a los cajones, siendo atendido tras el percance, al que deseamos una pronta recuperación.
El gran protagonista de la noche terminó siendo «Sirlachón», de Luis Algarra Polera. El castaño encontró su terreno, supo dominar la situación y ofreció una embolada cargada de emoción. Fue un toro que no regaló absolutamente nada, obligando a medir cada movimiento y castigando cualquier error.
Junto al comportamiento del Algarra sobresalieron dos nombres propios. Oreta, siempre firme y decidido, volvió a dejar constancia de su capacidad para interpretar este tipo de animales. Y también Jesús Banegas, que protagonizó uno de los momentos de la noche al ser arrollado en un lance. Lejos de quedarse en el suelo, se levantó inmediatamente frente al toro, sin apenas mirarse, demostrando una enorme entrega y una casta que fue muy aplaudida por los aficionados presentes.
Cuando el reloj superaba las cuatro de la madrugada, El Puig de Santa Maria cerraba otra de esas noches que contribuyen a engrandecer la historia de sus fiestas de Sant Roc, reafirmando el enorme prestigio de una cita que cada verano convierte a la localidad en uno de los grandes epicentros del toro en la calle.
Informa: Moli.
Fotografías: Moli.

