La jornada final comenzó por la mañana con las reses de Luis López y continuó por la tarde con Sillero nº 48, de Peñajara, y Cubero nº 78, de Ana Romero. La noche cerró las fiestas con las emboladas de Cubero y Herrero nº 45, de El Torero
Burriana puso ayer, sábado 12 de septiembre, el punto final a los festejos taurinos de las fiestas de la Misericordia 2026. Una última jornada con actividad de mañana, tarde y noche que volvió a llenar de contenido el recinto taurino antes de despedir una intensa semana.
La programación comenzó por la mañana con los actos patrocinados por la Peña Serrano. En primer lugar se desencajonó un toro de corro de Luis López, marcado con el hierro de La Castilleja.
El animal mostró un comportamiento principalmente huidizo y sin excesiva entrega, aunque mantuvo movilidad suficiente para recorrer el espacio habilitado para la exhibición. Para este festejo matinal se había acotado el recinto a las dos plazas, por las que el toro fue desplazándose y manteniendo entretenidos a los presentes.
Seguidamente llegó el turno de las vacas de Luis López, que ofrecieron mayores argumentos y dejaron una destacada actuación, especialmente dos de ellas.
La marcada con el nº 5, de pelo burraco, respondió con entrega en las rodadas y permitió disfrutar a los recortadores gracias a su disposición para acudir a los cites. También sobresalió la vaca nº 7, de pelo negro, que mostró movilidad y peligro, siempre atenta a cuanto sucedía a su alrededor y llegando a meter la cabeza entre los barrotes.
Sillero, exigente y reservado
Ya por la tarde se retomó la actividad con Sillero nº 48, de Peñajara, ejemplar patrocinado por el Ajuntament de Burriana.
Se trataba de un toro colorado, bajo, muy rematado y con mucha cara, que presentó una seria estampa. Su salida fue electrizante, entrando con mucha fuerza a los primeros lances y generando intensidad desde su aparición.
Sin embargo, apenas transcurridos los primeros compases, el toro comenzó a mostrar un carácter mucho más reservado. Después de cada lance tendía a pararse y medir, pensándose mucho las arrancadas antes de acudir nuevamente a los cites.
Esta fue la tónica que mantuvo durante buena parte de su exhibición. Sillero buscó frecuentemente las proximidades de los palos, aunque sin terminar de emplearse en los remates, y obligó a quienes se pusieron delante a medir mucho los terrenos.
En los últimos minutos apareció con la muleta Nek Romero, que volvió a protagonizar uno de los pasajes destacados de la tarde. El joven expuso mucho ante un toro que hasta entonces había ofrecido pocas facilidades y consiguió extraerle una tanda de muletazos de gran mérito.
Gabarri, incluso con la rodilla genuflexa, mostró una gran disposición y consiguió que el toro sorprendiera por la longitud de su embestida. Sillero permitió entonces desarrollar muletazos de trazo largo, dejando el pasaje más destacado de toda su exhibición.
Tras el cerril se soltaron dos vacas de Hermanos Infantes, que recorrieron diferentes puntos del recinto y dieron continuidad al festejo. Curiosa resultó especialmente la forma de encerrar a la segunda, para lo que hubo que sacar los mansos hasta las calles. La vaca terminó regresando al paso, perfectamente integrada entre ellos, hasta alcanzar los corrales.
Cubero pone la movilidad
Para finalizar la sesión vespertina se dio suelta desde los corrales del Museo del Bou a Cubero nº 78, de Ana Romero, patrocinado por Els Braus.
El ejemplar, de pelo cárdeno como corresponde a su procedencia Santa Coloma, era fino de lámina, bajo y con unas defensas muy pronunciadas.
Desde su salida mostró una importante movilidad y recorrió en varias ocasiones el recinto. Cuando fue citado en las plazas acudió a los recortadores, aunque lo hizo con un tranco especialmente suave y prácticamente sin cambios de ritmo en sus embestidas.
Esa regularidad en la velocidad definió buena parte de su comportamiento vespertino. Cubero se movió y permitió diferentes suertes, pero sin terminar de imprimir la transmisión necesaria para elevar la intensidad de su actuación.
Dos emboladas para despedir las fiestas
La última noche taurina de la Misericordia comenzó precisamente con la embolada de Cubero nº 78.
El toro de Ana Romero mostró una mejor versión respecto a la tarde. Una vez asentado en las plazas respondió con mayor disposición a los cites, aunque mantuvo su tendencia a salir suelto al finalizar las suertes.
El último astado de las fiestas fue Herrero nº 45, de El Torero, patrocinado por el Ajuntament de Burriana, que salió directamente embolado.
Sus primeros minutos resultaron muy vibrantes y el toro dejó entrever buenas condiciones para protagonizar una interesante actuación. Sin embargo, la mala fortuna apareció demasiado pronto.
En uno de los lances, cuando abandonaba la plaza, Herrero remató contra un cadafal y se lastimó. Ante esta circunstancia se decidió encerrarlo de manera prematura, impidiendo comprobar hasta dónde podía haber llegado un ejemplar que en sus primeros compases había dejado sensaciones positivas.
De esta manera concluyeron los festejos taurinos de las fiestas de la Misericordia 2026 de Burriana. Una semana que ha vuelto a combinar la participación de las peñas, la apuesta del Ayuntamiento, una amplia variedad de ganaderías y encastes, los tradicionales festejos de corro y embolados y, sobre todo, una intensa presencia del toro en las calles de la ciudad.
Con el prematuro encierro de Herrero se cerraba la última noche y Burriana despedía siete días de actividad taurina, poniendo el punto final a una nueva edición de una de las semanas más esperadas por la afición local.
Informa: Redacción Els Bous la Nostra Festa.
Fotografía: J. Centelles.

