La solemnidad del minuto de silencio dio paso a un Antruejo de emoción contenida, encierros rápidos y una capea multitudinaria marcada por la nobleza de los astados y un único percance en la arena.
La mañana del Antruejo en Ciudad Rodrigo quedó marcada por la solemnidad y el respeto antes de dar paso al ritual más esperado del Carnaval. Antes de la suelta del Toro del Antruejo se guardó un minuto de silencio en memoria del vecino fallecido en la capea nocturna. La zona de los pinos, abarrotada, quedó sumida en un silencio sobrecogedor, roto únicamente por el viento. Un instante de recogimiento que reflejó el sentir de todo un pueblo.
Tras el homenaje, se abrieron los chiqueros y salió Valenciano, número 41, de la ganadería de Hermanos Sánchez Herrero. Precioso astado, de hechuras envidiables y presencia majestuosa, recorrió con paso firme el perímetro del coso improvisado dejando constancia de su imponente estampa. Ahí quedó, sin embargo, la mayor parte de su argumento. Abanto de salida, pronto evidenció querencias y acusó la presión de la multitud de recortadores.
Durante la suelta, los intentos por arrancarle embestidas de mayor lucimiento se sucedieron sin pausa. El terreno condicionado por las intensas y persistentes lluvias tampoco ayudaba. Varios maletillas lograron extraer tandas de mérito, en las que el astado entró con suma nobleza, aunque sin excesiva entrega. Un maletilla fue prendido sin mayores consecuencias. La suelta transcurrió entre esa búsqueda constante del cite limpio y las querencias marcadas del toro, que no terminó de romper hacia adelante.
Encierro matinal: velocidad y limpieza
La mañana continuó con el encierro protagonizado por los astados de Monte la Ermita y San Román, junto a uno de los toros de Antonio López Gibaja lidiados en la capea nocturna.
Encierro rápido, con un colorado abriendo la manada, muy seguido por los bueyes y el resto de toros cerrando filas al final de la avenida Agustín de Foxa. Las carreras fueron limpias, permitiendo lucimiento a los mozos. Hasta la llegada a la calle Madrid, los astados se hermanaron, protagonizando un buen final de encierro antes de enfilar el tramo definitivo, dejando el ambiente preparado para la capea vespertina.
Capea multitudinaria y un percance
La capea de la tarde, multitudinaria en el coso mirobrigense, contó con tres astados de Monte la Ermita y uno de San Román, bien presentados y con comportamiento destacado. Mostraron nobleza y bravura en la plaza, permitiendo a recortadores y maletillas lucirse en cites ajustados y tandas de mérito.
El único percance reseñable llegó con Pedrero, número 18, guarismo 2, de Monte la Ermita, toro bajo, armónico y bien rematado. Tras un cite, alcanzó a un mozo de 47 años, procedente de Cáceres, que no logró subirse a las tablas a tiempo. El astado le propinó un fuerte golpe y una cornada en el muslo, siendo trasladado al quirófano del doctor Crespo para su intervención.
Desencierro sin incidentes
El desencierro transcurrió sin incidentes. Los tres toros de la capea –Monte la Ermita y San Román– con el de Antonio López Gibaja, tras hermanarse con los bueyes en la plaza, iniciaron una carrera lenta y compacta por la calle Madrid. El ritmo se aceleró en el registro, donde se produjeron algunas aperturas entre los mozos, antes de enfilar la bajada a los pinos, tramo en el que se vieron las mejores carreras al generarse mayor espacio entre toros y cabestros.
Así concluyó este primer día intenso del Carnaval del Toro. Una jornada cargada de emociones contrapuestas, donde el tiempo respetó durante el día y donde la tradición, la solemnidad y la pasión volvieron a entrelazarse en las calles de Ciudad Rodrigo.
Informa: : Redacción Els Bous la Nostra Festa.
Fotografía: Manolo Moreno.

