Editorial 362 – Los que hacen grande la fiesta

La recuperación de la gala de los premios Els Bous la Nostra Festa sirve también para rendir homenaje a quienes han hecho grande el bou al carrer desde la afición. Un recuerdo especial para Federico y Daniel del Olmo «Xoret», dos aficionados que dejaron una profunda huella en la tauromaquia popular valenciana y cuyo legado permanecerá en la memoria de la fiesta.

El mes de junio será especial para Els Bous la Nostra Festa. Después de muchos años de ausencia, los premios de la revista volverán a celebrarse con una gala que tendrá lugar el próximo 14 de junio, en los salones del Restaurante San Isidro by Monpiedra de La Vall d’Uixó. Un reencuentro que afrontamos con ilusión y con la convicción de que reconocer a quienes hacen grande la fiesta siempre es positivo para el conjunto del bou al carrer.

La gala servirá para premiar a algunos de los protagonistas más destacados de la temporada 2025, tanto en el apartado de toros cerriles como en el de ganado de corro. Sin embargo, conforme se acerca la fecha, uno no puede evitar pensar que la verdadera grandeza de esta fiesta no reside únicamente en los toros, las ganaderías o los festejos. La verdadera riqueza del bou al carrer son las personas que lo han construido generación tras generación.

A lo largo de los veinte años que llevo al frente de esta revista he tenido la suerte de conocer a muchos aficionados. Algunos con una relevancia extraordinaria dentro de la Comunidad Valenciana. Otros más conocidos en el ámbito local o comarcal. Pero todos con algo en común: una pasión sincera por el toro y una forma de entender la fiesta basada en el respeto, el aprendizaje y la afición.

Por desgracia, el pasado mes de mayo nos dejó también dos de esas personas que han contribuido, cada una a su manera, a engrandecer el mundo del toro en la calle.

El primero fue Federico, un nombre inseparable de una etapa muy importante del ganado de corro valenciano. No tuve la fortuna de conocerlo personalmente, pero sí la de escuchar hablar de él a muchos aficionados que compartieron plaza y carretera a su lado. Su figura quedó especialmente ligada a las reses de Miguel Vilar «Lucas», allá por los años noventa, en una época que muchos recuerdan con especial cariño.

Quienes lo conocieron destacan de él una virtud fundamental: su capacidad para trabajar los animales pensando siempre en el lucimiento de estos. No buscaba protagonismo para sí mismo, sino que el animal mostrara todo aquello que llevaba dentro. Por eso muchos decían que Federico era quien completaba el corro de Lucas allá donde actuaba. Esa forma de entender la fiesta, basada en la honradez, la humildad y el respeto hacia el ganado, le hizo ganarse el reconocimiento de generaciones de aficionados.

También nos dejó Daniel del Olmo, «Xoret», de Massamagrell. Y en este caso sí tuve la suerte de conocerlo más de cerca gracias a esta revista y a los muchos momentos compartidos alrededor de una conversación taurina.

Todavía me viene a la memoria su imagen, con el puro entre los dedos, retirándolo pausadamente de la boca antes de emitir una opinión que casi siempre sonaba a sentencia. No porque pretendiera imponerla, sino porque detrás de cada reflexión había décadas de observación, estudio y afición.

Daniel fue una de esas personas que convierten cualquier conversación en una lección. Había aprendido a analizar la fiesta desde la curiosidad permanente y desde el deseo de comprenderla. Maestro en su vida profesional, también ejerció como maestro para muchos aficionados que tuvieron la suerte de escucharlo.

Su visión siempre partía de una idea sencilla pero fundamental: el toro debía ser el eje de la fiesta por encima de cualquier otra consideración. Desde esa convicción construyó una forma de entender la tauromaquia popular basada en el análisis crítico, pero siempre constructivo, buscando mejorar sin perder la esencia.

Ambos representan a una generación de aficionados que ayudó a construir buena parte de lo que hoy disfrutamos. Personas que no buscaban reconocimiento ni protagonismo, pero cuyo legado permanece en cada conversación, en cada festejo y en cada enseñanza transmitida a quienes veníamos detrás.

Por eso, cuando dentro de unos días entreguemos los premios Els Bous la Nostra Festa, será inevitable recordar que detrás de cada toro, cada ganadería y cada festejo existen personas que han dedicado buena parte de su vida a la fiesta. Personas como Federico y como Xoret, que entendieron que el verdadero patrimonio del bou al carrer no son únicamente sus toros, sino también los aficionados que lo mantienen vivo generación tras generación.

A buen seguro, ambos estarán ya contemplando desde el cielo aquello que tanto amaron en vida.

Descansen en paz.

Manolo Moreno Comes
Director Els Bous la Nostra Festa

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