El domingo 15 deja en Ciudad Rodrigo una jornada intensa, de gran ambiente y buen juego del ganado. Desde primera hora, el casco histórico ha sido un hervidero de caballistas, corredores y aficionados. Se respiraba toro en cada esquina.
Encierro a caballo
Los seis novillos de Antonio López Gibaja asomaron en el alto de Valhondo, arropados por los bueyes y una amplia nómina de caballistas que supieron conducir la manada con criterio. El descenso por la calleja se realizó a buen ritmo y dividido en dos grupos: dos novillos, acompañados por tres bueyes, se adelantaron, dejando al resto por detrás.
La carrera transcurrió sin sobresaltos, permitiendo ver buenas galopadas y lucidas intervenciones, especialmente en la subida al registro, donde la manada llegó muy estirada, ofreciendo una estampa de gran plasticidad. En la entrada a la Plaza Mayor se vivieron los momentos de mayor tensión cuando el último de los astados embistió a dos caballos, alcanzando a uno de ellos con una cornada en el vientre bajo. Instantes de incertidumbre que no empañaron el conjunto de un encierro campero vibrante.
Capea matutina: calidad y entrega
La capea matinal registró una gran afluencia tanto en los tendidos como en el ruedo, solo deslucida por una ligera llovizna que caía bajo el cielo cubierto mirobrigense.
El primero de la mañana, novillo alto, largo y suelto de carnes, salió con fuerza y bravura, siempre con la cara alta buscando los pies de los mozos que abarrotaban las tablas. Tuvo calidad y prontitud en los cites, lo que permitió ver buenos recortes y dio opción a los numerosos maletillas —que se contaban por decenas— de instrumentar tandas de mérito, especialmente por el pitón derecho.
El segundo, con más cuajo y trapío, salió con idéntico ímpetu, barbeando en burladeros y moviéndose con soltura en todos los terrenos. Permitió el lucimiento de los recortadores y dejó ver nobleza, aunque en la muleta evidenció falta de fuerza y cierta peligrosidad. Prendió a un maletilla sin consecuencias.
El tercero, de menor trapío que sus hermanos, se empleó con disposición y facilitó el lucimiento tanto en los quiebros como en la muleta, donde, sin terminar de entregarse, mostró nobleza y calidad en la embestida.
Tarde fría, plaza caliente
La capea vespertina estuvo marcada por el frío meteorológico, pero la calidez en los tendidos fue patente gracias a la masiva presencia de mozos y maletillas. Los tres utreros de Antonio López Gibaja, al igual que los lidiados por la mañana, salieron con motor, lo que permitió buenos quiebros en los primeros compases. En la muleta embistieron con calidad, aunque pronto acusaron el desgaste acumulado del encierro campero.
Desencierro con emoción final
El desencierro, recién concluido, dejó imágenes de interés en el registro, donde los tres astados llegaron sueltos, generando buenas carreras. Posteriormente quedaron emplazados en la zona de los pinos ante el cite insistente de los mozos, ralentizando su llegada a los corrales de San Pelayo.
Así se cierra este domingo del Carnaval del Toro, una jornada de ambiente extraordinario, buen juego del ganado y emoción constante desde el campo hasta el último metro del desencierro.
Informa: : Redacción Els Bous la Nostra Festa.
Fotografía: Manolo Moreno.

